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¿Milagro salvadoreño? Los homicidios caen a niveles históricos y el turismo crece

El Salvador se transforma: de ser uno de los países más violentos del mundo a posicionarse entre los más seguros de América Latina.

Santo Domingo, RD.-. El Salvador vive una transformación sin precedentes. Durante los últimos dos años de la administración del presidente Nayib Bukele, el pequeño país centroamericano ha experimentado cambios profundos en materia de seguridad, economía y proyección internacional que han llamado la atención de organismos y gobiernos de todo el mundo.

De la violencia pandilleril a la paz relativa

El país, que durante décadas estuvo marcado por el terror de las pandillas, hoy exhibe indicadores que lo ubican entre las naciones más seguras de la región. Según datos oficiales y organismos internacionales, la tasa de homicidios descendió a apenas 1.9 por cada 100,000 habitantes en 2024, superando el promedio regional latinoamericano y consolidando una caída superior al 98% respecto a los niveles registrados en 2015, cuando El Salvador era considerado uno de los países más violentos del planeta.

El régimen de excepción como pieza clave

El gobierno salvadoreño atribuye estos resultados al régimen de excepción implementado por la administración Bukele y a la política de detenciones masivas que lo acompañó. Dicha estrategia llevó a más de 85,000 personas bajo custodia, una cifra que coloca a El Salvador entre los países con mayor tasa de encarcelamiento en el mundo. La medida, aplaudida por amplios sectores de la población salvadoreña, ha sido también objeto de críticas por parte de organizaciones de derechos humanos que cuestionan las garantías procesales de los detenidos.

Paralelo a la caída de la violencia, el sector turístico ha experimentado un crecimiento notable. La nueva imagen de seguridad del país ha atraído a visitantes que antes descartaban El Salvador como destino, posicionándolo como una opción emergente en el mapa del turismo centroamericano.

El debate sobre si se trata de un verdadero «milagro» o de un modelo replicable sigue abierto, pero los números, por ahora, hablan por sí solos.

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