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Internacionales

Masacre en Honduras deja 20 campesinos asesinados y desata condena nacional e internacional

La violencia volvió a golpear con fuerza al norte de Honduras. Al menos 20 campesinos, entre ellos dos menores de edad, fueron asesinados el jueves en una plantación de palma africana en la aldea de Rigores, municipio de Trujillo, departamento de Colón, en uno de los episodios más sangrientos registrados en los últimos años en la región del Bajo Aguán.

El portavoz de la Fiscalía Nacional, Yuri Mora, confirmó que entre las víctimas hay 15 hombres, tres mujeres y dos niños, uno de ellos de apenas nueve años. Todos trabajaban como jornaleros en la cosecha de aceite de palma cuando fueron atacados por hombres armados presuntamente vinculados a grupos criminales.

Según las investigaciones preliminares, las víctimas intentaron refugiarse dentro de una iglesia antes de ser alcanzadas por los disparos. Las autoridades calificaron el hecho como “uno de los mayores episodios de violencia” recientes en el departamento de Colón.

Iglesia condena la masacre

La Conferencia Episcopal de Honduras expresó su “profunda tristeza e indignación” ante la tragedia y rechazó cualquier intento de justificar la violencia.

“Cada víctima es una persona creada a imagen y semejanza de Dios”, señalaron los obispos en un comunicado, en el que también recordaron recientes hechos violentos ocurridos en Corinto y Omoa, zonas fronterizas con Guatemala donde murieron policías y civiles.

Los prelados hicieron un llamado a la unidad nacional para construir “un reino de justicia, verdad y paz”, asegurando que la sociedad hondureña no puede permanecer indiferente ante hechos tan horrendos.

Solidaridad del Celam y organizaciones sociales

El Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (Celam) también manifestó su solidaridad con el pueblo hondureño. En un mensaje firmado por el cardenal Jaime Spengler y el obispo Lizardo Estrada Herrera, la organización afirmó que “ninguna vida es sacrificable”.

El Celam advirtió que la violencia “hiere el tejido de nuestras comunidades y oscurece el sueño de fraternidad”, por lo que urgió a promover procesos de reconciliación, justicia y paz.

Por su parte, la red Iglesias y Minería denunció que la región del Bajo Aguán se ha convertido en “una zona de muerte” para quienes defienden el derecho a la tierra y al territorio.

La organización recordó que el conflicto agrario en la zona ha dejado cientos de víctimas durante las últimas décadas y exigió investigaciones exhaustivas, además de medidas concretas para desmantelar las redes criminales que operan en la región.

Comunidad vive aterrorizada

La masacre ha sembrado miedo entre los habitantes de Rigores y comunidades cercanas. Armando Suchite, agricultor que perdió a dos hijos de 23 y 25 años en el ataque, aseguró que la población vive aterrorizada.

“Estamos aterrorizados porque la violencia en Colón se ha vuelto muy peligrosa”, declaró tras sepultar a sus hijos junto a otras víctimas en el cementerio de la comunidad.

Otro poblador afirmó que los conflictos por la tierra relacionados con las plantaciones de palma africana han provocado múltiples tragedias. “Esa palma parece maldita; nos ha traído muchas desgracias”, expresó.

Décadas de conflicto agrario

El Bajo Aguán ha sido escenario histórico de disputas territoriales entre campesinos, empresas agrícolas y grupos armados. Organizaciones sociales sostienen que, en más de 50 años, más de 200 personas han muerto en conflictos relacionados con la tenencia de tierras.

Además, denuncian que la expansión del cultivo de palma africana ha desplazado otros productos tradicionales como maíz, frijoles y cítricos, aumentando las tensiones sociales y económicas en la región.

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