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Internacionales

De Noriega a Maduro: cuando el poder termina ante un tribunal de EE. UU.

La historia nunca se repite exactamente excepto como farsa,  pero esta vez lo ha hecho  como advertencia treinta y seis años después. El traslado forzoso de Nicolás Maduro  y su esposa Cilia Flores a Nueva York, tras ser capturados y puestos bajo custodia federal estadounidense, remite inevitablemente a un precedente que marcó a América Latina: el caso de Manuel Noriega

Entre uno y otro hay más de tres décadas, contextos distintos y una región transformada, pero la lógica de fondo es sorprendentemente similar: cuando Washington decide que un gobernante ha cruzado la frontera del delito común, el poder deja de ser escudo.

Noriega: el primer quiebre

En 1989, Noriega era el hombre fuertede Panamá. No era presidente electo, pero controlaba el Estado, las fuerzas armadas y la vida política. 

Durante años había sido aliado útil de Estados Unidos, colaborador en tareas de inteligencia y pieza funcional en el tablero regional. Esa relación se quebró cuando el narcotráfico dejó de ser un rumor y pasó a convertirse en un expediente penal.

Acusado por tribunales federales de Estados Unidos por narcotráfico y lavado de dinero, Noriega fue el objetivo central de la Operación Causa Justa, una invasión militar abierta que sacó a Panamá de la normalidad institucional y dejó cientos de muertos. 

Refugiado en la Nunciatura Apostólica, terminó entregándose el 3 de enero de 1990. Fue trasladado a Miami, juzgado como un delincuente común y condenado a largas penas de prisión. La Corte rechazó su alegato de inmunidad: el narcotráfico, sentenció el sistema judicial estadounidense, no es un acto soberano.